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En la mañana de un día soleado de júbilo Nacional, como lo fue el 19 de Abril, cuando se conmemora ese día glorioso del 19 de abril de 1810, fecha patria que recuerda el día que se Firmó el Acta de la Independencia del país; haciendo tiempo para una reunión de trabajo en un café en Las Mercedes, (Caracas) nos toca contemplar una imagen en tiempo real, casi digna, típica para estos concursos tipo Word Press Award, Sony Word Photography Award, o similares que encuadra una escena de 6 adolescentes presuntamente en estado de calle, desaliñados, de cutis clara o morenos pero con piel oscura y manchada por el hollín automotor, y el vivir de la calle (no mayores a 17 años cada uno), en compañía de un infante que quizás tendría 3 años de edad… sentados al pie de un árbol en una esquina de la Avenida Rio de Janeiro, teniendo como primer fondo a otro grupo antagónico de ciclistas, con sus equipos de vistosos colores, donde vislumbran las bicicletas Canondale, Trek, Shimano y otras marcas en sus equipos High Tech, así como también, el escenario de la Plaza Alfredo Sadel con su “tótem” inclinado, y más al fondo al norte, un fragmento del Waraira Repano, recibiendo los rayos de luz mañanera sobre su verde alfombra que lo cubre. Estos jóvenes personajes, expuestos con una actitud casi de tribus urbanas, al mejor estilo del pintor Bartolomé Murillo, muestran una visión fragmentada del abandono de un grupo de adolescentes, que nos llena de reflexión inmediata, y que no evito que se generaran opiniones diversas sobre lo contemplado. Sobre ese encuadre fotográfico “en vivo” que todos percibimos, cada quien dio una lectura distinta en función a sus enfoques, intelectos y mundos interiores de cada observador, algo similar a lo que sucede cuando contemplamos una fotografía exhibida. Se reflejan dos mundos distintos: El mundo de la interpretación personal del observador, y el mundo real que está dentro de cada protagonista que constituyen la escena. En nuestro caso, nuestra observación paso de ser contemplativa y critica a pasar a ser analítica y de paso en 3D (tiempo real).
Comprender que en un área de quizás 100 mt2, coexistieron en un mismo tiempo determinado 3 mundos distintos, de tres diferentes realidades, es una lectura que solo la fotografía puede captar y congelar en el tiempo. Las tres visiones de la imagen expresada: el mundo de los que estamos en la mesa, el mundo de los ciclistas y el mundo de los muchachos en ese árbol. Es la fusión de tres historias distintas en una sola inmediatez de tiempo…y al final la reflexión continua, y nos seguimos preguntando: cuál será la vida en el futuro inmediato de estos niños de la calle que observamos en ese árbol? Esta es la fotografía, que nunca se tomara, pero que quedara siempre en nuestra memoria colectiva, y que cada día vemos más en las calles de Caracas.


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